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Salir o no salir…

Al final, el pasado domingo, nos liamos la manta a la cabeza, como suele decirse, y nos lanzamos a la aventura. Fuimos un pequeño número de intrépidos e intrépidas que pese a las salidas nocturnas del sábado noche, algunas para “analizar” los vinos de la zona, otros porque los amigos les “liaron” más de lo normal y llegaron a casa a la hora justa de empanar los filetes y hacer la tortilla, llegando justos para montarse en el coche (porque la cita era a las 9:00h en Atocha), mientras alguna pareja recordaba lo de: “¡jo con que volvemos en un momento, eh!… mira que horas son, y tu sin dormir.” Respondiendo con la típica disculpa de escape: “Corazón ya sabes que me lío, pero no te preocupes por mi, vida.”
Al principio, desde la organización, pensábamos en suspender la actividad, ya que nos llegaron distintos mensajes informándonos de la imposibilidad de acompañarnos, unos por estar de vacaciones, otros por surgirles obligaciones no previstas y algunos por estar encerrados en su momento difícil, que comprendemos, y que es nuestro afán el ayudarlos a salir, o al menos sobrellevar lo mejor posible, esos “momentos”.
Precisamente son hacia estas personas a quienes dirigimos este tipo de acciones o actividades, a las que queremos dedicar nuestra atención. Esas personas que emocionalmente están bloqueadas, que les cuesta incorporarse a una sociedad, oficialmente inclusiva, con muchos miedos y experiencias vitales que no se borran de un día para otro. Esas vidas que en el momento de más vulnerabilidad sufren la soledad, les cuesta enfrentarse a la vida cotidiana y necesitan de apoyo y acompañamiento en ese camino, sabiendo que lo más nos interesa es su nombre, nada más.
Por este motivo tomamos la iniciativa de realizar este tipo de salidas, tanto por los que ya forman parte del grupo que participa habitualmente en las actividades de la Fundación y que se han ido incorporando poco a poco, como por los que no pudieron acompañarnos, pero que estamos seguros que también, a base de saber de nuestra intención y presencia se acabarán uniendo, porque el camino se hace al andar, como nos enseñó nuestro Machado.
El abrir camino es costoso, pero te ayuda a sentirte tú mismo, a sentirte persona protagonista de tu devenir, no ser un “paquete” turístico, porque el mercado se encarga hasta de eso, de que seamos consumidores aborregados de sus productos, ellos te dicen lo que es bueno y malo, que es más cómodo, pero se olvidan de lo fundamental: del componente humano de la persona y su capacidad educativo-social; somos personas no beneficios. Con esto no estoy diciendo que estoy en contra de que existan estos viajes y agencias, no, nos ponemos en otra posición; organizamos otra cosa, -no pensamos que es la mejor, sino otra- más solidaria, donde nuestros mayores se integren por medio de la excursiones, acciones, conferencias, charlas, cenas, etc. que organizamos la F26D para generar esa red de apoyo mutuo y dar protagonismo a la persona, conocernos, acompañarnos, interactuar conjuntamente, dentro de un contexto intergeneracional de LGTB y H, un espacio de respeto, conocimiento, disfrute, con perros, niñ@s que forman parte del conjunto de la sociedad, no exclusivo de mayores y LGTB, sino preferentemente, que es muy importante. Por ese motivo lanzamos nuestra marca JUBILEO GAY, para trabajar en este sentido, por y con las personas.
Estamos en ello y no tiramos la toalla, al contrario, cada vez somos más conscientes de lo necesario que es este tipo de actuaciones, porque lo que recogemos como evaluación es mayoritariamente positivo, las personas que participan de estas actividades se sienten bien y felices, que en el fondo es lo que buscamos todo ser humano.
LA SALIDA A “LA BOCA DEL ASNO”, SEGOVIA.
Concretamos el encuentro en Atocha, delante de una conocida cafetería, para tomar un café que a la mayoría nos despertó. Empezamos a comentar las andanzas de la noche anterior, algun@s más perjudicad@s que otr@s, pero con sus cuerpos presentes. Falta el pan y hielo que cogeremos por el camino. En marcha. El que llegué primero que coja el sitio, ya que es un espacio natural impresionante y no estaremos solos.
Parada propia en la A-6 para repostar gasolina, otro café y descargar las impurezas, incluido los perros, claro.
En el otro convoy nos contaron que la “lista” de Paloma se mareaba y se le cedió la plaza de delante, parando en Navacerrada pueblo y aprovisionándonos de un PAN del que no es necesario contar sus bondades.
Guerra de Whatsapp! Que por donde vais, que nosotros ya hemos llegado, estamos en la mesa al lado del chiringuito… hasta que se termina la cobertura…..¡BIEN! Ahora estamos en la naturaleza.
Empezamos a sacar las bolsas y lo típico: “Si era solo para comer!”…”Cuantas bebidas hemos traído!”, “…mi tortilla es de calabacín muy rica, la mía del Xxxxxx, eso si con cebolla…” “….mira la Cuca (la perra de Chelo) no come si no se le pone una colcha, está muy mal acostumbrada, es todo una señora…” “El pollo al ajillo se tienen que comer todo que por eso me he levantado a las 6:30h para freírlo…” “… ¿qué, empezamos con unas aceitunitas?” “Las cervezas ya están frías!”
A nuestro lado un grupo de evangélicos que preparaban el bautismo en su fe de algunos de sus fieles, ataviados de túnicas blancas -muy monas- que se apoderaron de una parte del rió para sus ritos, acompañados con cantos a juego.
El sitio es un regalo, en entorno forestal un bello paraje natural recorrido por el río Eresma - por cierto mas bien fresquito- en los montes de Valsaín, perteneciente ya a Segovia, antes de llegar a la Granja de San Ildefonso, si vienes desde Madrid por Navacerrada, que nos animó a recorrerlo con tranquilidad y sin prisa, para disfrutarlo al ritmo de cada uno. Las vacas, el granito horadado por el agua, y sobre todo el paisanaje… el descubrir que no estamos solos, jajajaja, nos animamos a hacer el ejercicio que por naturaleza más nos une: “analizar” a las personas de nuestro alrededor, pero eso sí, con mucho respeto y sobre todo humor, riéndonos de nosotros y nosotras mismas. Como se nos nota nuestra orientación sexual, es impresionante, podemos saber por ese sexto sentido que estamos entre “primas” (como nos llamamos con cariño), que cantidad de lesbianas maduritas se lanzan al monte, nos agrada sentirnos cómplices y nos sonreímos agradablemente, mandándonos mensajes afectuosos entre las miradas, que para eso somos medalla de oro, ahora que estamos en año olímpico.
Llegó la hora de la comida y retiramos los restos del aperitivo que estaba ocupando gran parte de la mesa, para dejar sitio a las tortillas, al pollo al ajillo, los filetes de lomo empanados, pimientos, etc…, típicos de una comida de campo.
Y se generó un momento de comunicación importante donde se reflexionó sobre lo acontecido desde nuestra llegada a La Boca del Asno. Lo que a mi me llamó más la atención es la naturalidad, la normalidad que estamos transmitiendo al entorno, la importancia de hacernos visibles desde lo cotidiano, demostrar nuestro afecto en público, reservado anteriormente a los heterosexuales, nosotros a la oscuridad a lo privado; esa batalla la estamos ganando. Esta actitud también tiene seguidores, se nos acercaban personas -para nosotros sin duda LGTB- que nos miraban con ganas de unirse al grupo, por lo natural que lo estábamos pasando. Tampoco en esta ocasión falto el “análisis”, sobre todo masculino: “…ese esta bueno, ese se le fue la crema depiladora, cuantas vueltas dan ese grupo…” Y amenizando el momento con batallitas varias de los participantes. Por cierto, el vino que llevó Paloma, gracias al estudio de la noche anterior, supremo. David, un enano del grupo no dejaba de jugar con el Golfo, mi perro. Durante las batallitas y recuerdos de nuestra vida, el orador se daba cuenta que no le hacíamos caso cuando pasaba “algun@” que nos llamaban la atención, quedándonos con cara de “invertigadores”.
Lo mejor vino sobre los postres, que nos acompañó una tormenta de verano que limpió el lugar al momento, fue una estampida de coches, pero nosotros entre hules, manteles y pashminas nos hicimos fuertes en el bar terminando de tomar un café calentito. Ya estábamos al completo, nos pasó de todo, pero al mal tiempo buena cara y con mucho humor empezamos a relacionarnos con las personas que se apiñaron con nosotros en el chiringuito escapando de la lluvia. La llegada de un grupo de chavales, todos mojados, nos animó a entablar conversación y, como no, a meternos con ellos. Eran también “primas” y nos sentimos muy a gusto y en familia.
Para terminar la jornada, ya que parecía que no iba a dejar de llover, decidimos ir a la Granja de San Ildefonso. Nina dijo que “sí, pero con la condición de que no me dejéis con las gallinas”. Casi nos da algo, pero ese era el espíritu de la salida, salir de nuestra rutina y sentirnos grupo, sentirnos acompañados y compartir los momentos con humor.
¿Os apuntáis a la próxima?
Fdo.:
F. Armenteros.
